lunes, 19 de diciembre de 2011

No me dejó tiempo para recuperar el aliento; por el contrario, guió mis manos hacia su bragueta y me miró mientras la desabrochaba. Incrédula, descubrí un miembro que superaba en fuerza y tamaño a los que había visto con anterioridad. Su rabo era de un tono pardo y maduro, con la piel sedosa y el glande imponente. Posé en él los labios, improvisando una caricia que hasta el momento me era desconocida. Me dejó hacer y observó cómo desfallecía. Lo tenía en la boca y por la sola magia de ese contacto, mi vientre era presa de contracciones. No sabía qué animal se agitaba en él ni por qué aquella polla me procuraba tanto placer por el mero hecho de ir y venir entre mis labios, frotándose contra mi paladar, chocando suavemente con mis dientes al pasar. Driss permanecía de pie, con los ojos cerrados, su vientre plano me colmaba del olor ambarino de su sudor y de su piel. La Almendra. Memorias eróticas de una mujer árabe. Nedjma.
Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, la criaba su madrastra, que tenia dos hijas. La hijastra era quien hacia los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre manchados de cenizas, la llamaban Cenicienta. Y mientras Cenicienta fregaba y fregaba, su cruel madrastra y sus malvadas hermanastras, iban a la fiesta del príncipe. Cenicienta lloro y lloro, sabiendo que su sueño de ser una princesa, nunca se concretaría; lo que no sabía, era que se equivocaba. Y así fue que con la ayuda de su hada madrina, Cenicienta partió feliz hacia la fiesta. En el palacio las doncellas se peleaban por bailar con el príncipe, hasta que de pronto, el príncipe y todos los invitados quedaron maravillados por la belleza de Cenicienta. Así fue como Cenicienta, a pesar de sufrir tantas humillaciones, de no entender porque sus hermanastras se habían ensañado así con ella y a pesar de sentirse muchas veces sola, Cenicienta siempre podía contar con la ayuda de su hada madrina, porque las hadas madrinas siempre ayudan a la gente de buen corazón, y Cenicienta lo era. Por eso pudo perdonar a sus hermanastras, y en lugar de odiarlas, les enseño el camino a la felicidad. Un camino al que únicamente se llega si nunca pero nunca abandonamos nuestros sueños.
Hay mucha gente mala, pero la mayoría no es tan mala. Yo creo que la mejor opción es siempre no desconfiar, nunca. La desconfianza no sirve. La desconfianza genera intrigas y las intrigas dividen y debilitan. La desconfianza te debilita y te aísla, terminas desconfiando de todos. Entonces el verdadero mal te lo haces a vos y no a los otros. Los otros te dejan solo, y solo sos más débil, y ahí sí te pueden atacar porque sos vulnerable. La desconfianza nos recluye, nos hace perder nuevos afectos y nos deja a la deriva. A la deriva estás y si no confías no te relacionas y ahí sí, solo sos muy frágil. Nos podemos equivocar, confiando en la gente equivocada, pero la mayoría de las veces no es así, confiamos en los amigos.
- ¿Como se olvida? no recordando, ¿como se recuerda? a partir de los sentidos. ¿Que quiere decir esto? una imagen, o un sonido, o un aroma digamos, te despiertan un recuerdo ¿Lo que tenemos que hacer? Tenemos que anular los sentidos. - Esta totalmente loco, aunque a mi me deje ciega, sorda y muda yo igual me voy a seguir acordando de todo. Te voy a tomar yo un examen a vos: por ejemplo, pensa en un elefante rosa…ahora olvídate del elefante. Ahora responde mi pregunta: de que te dije yo que te olvidaras? Ves, es imposible olvidarse de lo que uno sabe que ya se olvidó" La memoria no está en la cabeza, ¿usted no se puede olvidar de un simple elefante rosa que le nombré y quiere que yo me olvide de toda una vida de recuerdos? Millones de recuerdos inolvidables son lo que nos hacen ser lo que somos. La memoria se podrá dormir, pero nunca se muere, está en el corazón. Las vivencias, las frustraciones, los sueños, todo revuelto y listo para salir en la primera de cambio, ¿sabes qué? yo podré quedarme acá por toda la eternidad, pero los recuerdos son míos.